La casa de mis abuelos
Cuentos
Por: Guillermo Molina
El mantel plástico de flores azules favorito de mi abuela está en el piso. Los restos de tallarines aún emanan vapor de su famosa boloñesa cerca de las plantas. El termo en la cocina suena justo cuando entro. Grito por ellos varias veces, pero nada.
No quiero tocar algo, mucho menos ordenar, siento que sería normalizar esto. A medida que me voy calmando se hace más nítido un molesto ruido de interferencia, me asomo a ver por el pasillo. Un escalofrío en el cuello me invade y baja hasta mi espalda, no entiendo qué está ocurriendo. Me dispongo a regresar y pedir ayuda, pero la interferencia suena con más fuerza, para acercarme al sonido debo cruzar la salsa del piso, saltar el mantel y esquivar las plantas, no puedo no mirar por nada del mundo el cuadro de los tejados mientras paso.
Me armo de valor, pero el olor a guardado y la oscuridad en pleno día no ayudan mucho. Miro mi reloj de "Ben 10", faltan 30 minutos para que mi papá venga a buscarme -una eternidad, pienso-. Un golpe fuerte me hace saltar y aventar mis cuadernos, proviene del mismo cuarto de atrás. Los iba a levantar cuando el molesto sonido comienza a subir y bajar su volumen. Entre mis lugares preferidos para esconderme, fui al más seguro, cruce a la antigua habitación de mi papá y mi tío. Me metí debajo de su litera -el miedo a lo que había es más grande que a las arañas-. El volumen sigue subiendo y bajando sin parar por casi cinco minutos. Cerré los ojos queriendo terminar esta pesadilla, muerdo con fuerza un pedazo de frazada que colgaba de la cama, al rato escucho las cadenas de un auto "llegó mi papá" me digo a mi mismo naciendo la esperanza. Me paro y me acerco a la puerta, estoy tan asustado que no me di cuenta que ya no escucho nada. Como en las películas, no podía abrir la puerta, estaba tan nervioso que mis manos sudaban. Al salir, vi a la vecina de al lado, no lo dudo y le cuento que no encontraba a mis abuelos desde que llegué.
Su cara pálida y algunas arcadas me dicen que algo no andaba bien. Me pide que no entrara y se puso a llorar. Me sirve un Milo caliente en su sillón, al primer sorbo veo dos PDI entrando. Un inesperado público se amontona a comentar afuera. Miro mi reloj, mi papá ya debería haber llegado. La vecina me dice que quieren hablar conmigo. No me dejan ver adentro, pero me preguntan detalles de mi tarde y les cuento todo.
La silueta de mi papá me devuelve el alma al cuerpo. Su cara está en blanco y no me saluda, me pinchan astillas cuando pego mi oreja en la puerta, un oficial le explica que mis abuelos estaban muertos atrás, que las señales de mi abuela eran asfixia por comida y que lo más probable es que mi abuelo tuvo un ataque cardiaco por la impresión.
Sin intención termino abriendo la puerta de la presión que hago al intentar escuchar. Al entrar veo el cuerpo de mi abuelo como intentando llegar hacia ella, con el control de la televisión en su mano, apretando el botón del volumen.


